Para el gran psiquiatra suizo Carl Jung existen cuatro funciones psicológicas básicas: pensar, sentir, intuir y percibir. Sin lugar a dudas, la función superior y predominante en nuestro mundo occidental es el pensamiento. Gracias a él, vivimos en una sociedad altamente tecnológica, con calidad de vida y grandes avances médicos. Pero ocurre que, al ser el pensamiento función superior en nuestros días, automáticamente el sentimiento pasa a ser una función inferior, puesto que cada una de estas capacidades suele vivir a expensas de la otra.
Pensar es algo indispensable, ya que nos proporciona objetividad, capacidad de análisis y claridad, pero no nos permite valorar, es decir, apreciar el valor de algo (sea un objeto o una persona). Perder la función del sentimiento es un drama de nuestro tiempo y es algo muy grave, ya que significa perder una de las más valiosas facultades humanas, quizás la que nos hace más humanos.
De hecho, en el mundo occidental no existe un lenguaje adecuado para el sentimiento, lo que nos permite apreciar que es considerado algo de poco valor. En sánscrito hay más de noventa palabras para referirse al amor. En Persa antiguo cerca de ochenta. En castellano no creo que lleguen a una decena. Si tuviéramos un vocabulario mucho más amplio para referirnos al amor y a otras cuestiones relacionadas con cada sentimiento, nos volveríamos mucho más ricos y profundos y, desde luego, mucho más inteligentes en esta facultad humana tan próxima al corazón.
La falta de un vocabulario específico junto al hecho de que la mayoría de la gente se siente incómoda hablando de sentimientos y expresándolos, hace que actualmente no estemos muriendo literalmente de pena, de tristeza y de soledad.
El arte, sin lugar a dudas, es un buen sitio en el que refugiarse en busca de un espacio donde fluyan libremente los sentimientos, pero debemos ir un paso más allá y ser capaces de construir una vida sentimental propia rica y profunda, aún a costa de ser unos incomprendidos, porque solo de ese modo conseguiremos mayor calidez en nuestras relaciones y mayor generosidad en nuestras acciones.
Las cosas más bellas y mejores en el mundo, no pueden verse ni tocarse pero se sienten en el corazón.

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