“Has
despreciado al diablo y no se puede olvidar que un sujeto tan odiado debe ser
algo”
Goethe.
Tomo
esta cita del Libro “Jung y el Tarot. Un viaje arquetípico” de Sallie Nichols
(Editorial Kairós, 2005) para comenzar la entrada de hoy sobre el arcano del
Tarot de Marsella “el diablo”.
Cuando
se nos menciona al diablo normalmente experimentamos sentimientos negativos, es
más, se “deben” experimentar sentimientos negativos. Al fin y al cabo, ¿quién
en su sano juicio confesaría abiertamente que este “tipo” le cae bien?.
El
diablo se relaciona con la noche, las tinieblas y la oscuridad, con el pecado y
la conciencia errada, el dolor y rechinar de dientes, con lo sucio y lo malvado.
Sin
embargo, esta carta del Tarot nos guía hacia una comprensión más completa del
arquetipo del diablo a través de la simbología que incorpora en su dibujo.
Llevaría
muchas páginas analizar el referido dibujo, pues está lleno de matices y cada
cual aporta un significado relevante. Me centraré en el que considero que puede
arrojar una nueva visión de esta fuerza tan poderosa: sus cuernos dorados.
Los
cuernos son, desde tiempos remotos, símbolos de nueva vida y elementos
espirituales, luego este arcano es portador de un fuego divino y dorado que nos
revela su aspecto de “Lucifer” o portador de la Luz.
Las
religiones orientales consideran esta dimensión demoníaca como parte de la
divinidad, de modo que no es más que otra forma de “maya”, otra de las mil
caras de Dios.
De
hecho, la pérdida de nuestro propio aspecto demoníaco es causa de la mayoría de
las desgracias de nuestra sociedad contemporánea: violencia, fanatismo, muerte,
hambrunas, destrucción…
Es
bien sabido que cuando los aspectos negativos de nosotros mismos no se
reconocen como pertenecientes a nuestro interior, aparecen para actuar en nuestra
contra desde el exterior (como un síntoma).
Cuando
termino de escribir estas líneas, un rayo de luz se cuela por la ventana.
Espero que sea la luz del demonio recordándome mi naturaleza maravillosamente
humana e imperfecta. Así sea.

Ainsss la religión... Está claro que fue considerada desde siglos el opio del pueblo... Pero en realidad atemorizaban a todos los fieles con sus castigos de Dios... Menuda droga de pacotilla!
ResponderEliminarEl diablo... Acertada reflexión la que nos aportas hoy al respecto... Vamos a ver si llegamos a un punto de equilibrio interior entre nuestros aspectos positivos y negativos, ya que tanto unos como otros son parte de uno mismo.
Cuando la religión se apartó de la naturaleza del hombre, ahí empezaron los problemas....Ese punto de equilibrio interior es muy importante, por eso, imagino que cuando hablas del opio del pueblo, te refieres al cristianismo, cuya cruz tiene sus lados desequilibrados...
ResponderEliminar