Haz click para acceder a los mejores libros para TU DESARROLLO PERSONAL

martes, 2 de abril de 2013

EL DIABLO



“Has despreciado al diablo y no se puede olvidar que un sujeto tan odiado debe ser algo”
Goethe.

Tomo esta cita del Libro “Jung y el Tarot. Un viaje arquetípico” de Sallie Nichols (Editorial Kairós, 2005) para comenzar la entrada de hoy sobre el arcano del Tarot de Marsella “el diablo”.
Cuando se nos menciona al diablo normalmente experimentamos sentimientos negativos, es más, se “deben” experimentar sentimientos negativos. Al fin y al cabo, ¿quién en su sano juicio confesaría abiertamente que este “tipo” le cae bien?.
El diablo se relaciona con la noche, las tinieblas y la oscuridad, con el pecado y la conciencia errada, el dolor y rechinar de dientes, con lo sucio y lo malvado.
Sin embargo, esta carta del Tarot nos guía hacia una comprensión más completa del arquetipo del diablo a través de la simbología que incorpora en su dibujo.
Llevaría muchas páginas analizar el referido dibujo, pues está lleno de matices y cada cual aporta un significado relevante. Me centraré en el que considero que puede arrojar una nueva visión de esta fuerza tan poderosa: sus cuernos dorados.
Los cuernos son, desde tiempos remotos, símbolos de nueva vida y elementos espirituales, luego este arcano es portador de un fuego divino y dorado que nos revela su aspecto de “Lucifer” o portador de la Luz.
Las religiones orientales consideran esta dimensión demoníaca como parte de la divinidad, de modo que no es más que otra forma de “maya”, otra de las mil caras de Dios.
De hecho, la pérdida de nuestro propio aspecto demoníaco es causa de la mayoría de las desgracias de nuestra sociedad contemporánea: violencia, fanatismo, muerte, hambrunas, destrucción…
Es bien sabido que cuando los aspectos negativos de nosotros mismos no se reconocen como pertenecientes a nuestro interior, aparecen para actuar en nuestra contra desde el exterior (como un síntoma).
Cuando termino de escribir estas líneas, un rayo de luz se cuela por la ventana. Espero que sea la luz del demonio recordándome mi naturaleza maravillosamente humana e imperfecta. Así sea.

2 comentarios:

  1. Ainsss la religión... Está claro que fue considerada desde siglos el opio del pueblo... Pero en realidad atemorizaban a todos los fieles con sus castigos de Dios... Menuda droga de pacotilla!

    El diablo... Acertada reflexión la que nos aportas hoy al respecto... Vamos a ver si llegamos a un punto de equilibrio interior entre nuestros aspectos positivos y negativos, ya que tanto unos como otros son parte de uno mismo.


    ResponderEliminar
  2. Cuando la religión se apartó de la naturaleza del hombre, ahí empezaron los problemas....Ese punto de equilibrio interior es muy importante, por eso, imagino que cuando hablas del opio del pueblo, te refieres al cristianismo, cuya cruz tiene sus lados desequilibrados...

    ResponderEliminar