Yo creo que es lo mínimo que nos merecemos, un poco de respeto.
Y no creáis que estoy hablando de los grandes valores del ser humano: la dignidad, la diversidad, la pluralidad…
Me refiero a cosas más sencillas, cosas que se observan en el trato diario.
Me refiero, en definitiva, a la falta de educación que impera en nuestros tiempos.
Lo peor de todo es que nos estamos acostumbrando a ella: no nos devuelven el saludo y nos parece normal, el trato en los establecimientos es a veces semejante al que se da al ganado, los superiores se dirigen a sus subordinados como si fueran emperadores romanos… Los ejemplos surgen por miles.
El lado positivo de todo este asunto es que cuando alguien se muestra amable y considerado contigo atesoras ese momento como un recuerdo imborrable, convirtiendo en excepción lo que debería ser la regla.
Algunos reaccionan ante este “mal” pagando con la misma moneda, en una especie de carrera loca por ver quien hace el mayor desplante.
No creo que sea una actitud adecuada, significa caer en la misma trampa que nos tienden, reduciendo nuestra categoría como personas.
Yo, mientras tanto, sigo apostando por el regocijo interno que me causa el respeto y la educación.
Un saludo, feliz día.

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