¿Qué sería de nosotros sin amigos?.
La familia viene impuesta, los amigos se eligen.
La amistad, bien entendida, ve a la otra persona como individuo, completo e independiente, y la estimula para que sea ella misma.
El amigo conoce los puntos difíciles, las debilidades y miserias del otro, pero no se afana en enjuiciarlas. Le preocupa mucho más la ayuda y el gusto mutuos, que resaltar los defectos.
La amistad se complace en hacer muchas cosas que, de ordinario, aburren. Es la camaradería cotidiana, la palabra comprensiva y el estímulo en la complicación.
Como señala Robert A. Johnson: “la amistad elimina de la relación el drama artificial y la intensidad, pero también expulsa el egocentrismo y la imposibilidad, reemplazando al drama con algo humano y real”.
En las sórdidas y tediosas ocupaciones de la vida diaria siempre podremos encontrar al amigo, así como en los momentos de gloria o de fracaso. En eso radica precisamente su virtud.
Después de todo lo escrito, solo puedo afirmar: ¡larga vida a mis amigos¡.
Un saludo y feliz día.

Tan certero y directo al núcleo como siempre. Este blog está iluminando muchos caminos de baldosas amarrillas...Que no decaiga!!!
ResponderEliminarJejeej, ¿la conozco a usted por alguna casualidad, querida anónima?. Muchas gracias.
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